Las ardillas suelen percibirse como animales abundantes y adaptables, sobre todo en parques y zonas urbanas. Sin embargo, esta percepción es engañosa. No todas las ardillas están en peligro, pero muchas especies y subespecies sí enfrentan un riesgo real de extinción, especialmente aquellas que dependen de ecosistemas muy específicos. Entender las causas es clave para dimensionar el problema y evitar que su declive pase desapercibido.
Desde mi experiencia investigando fauna y observando cómo han cambiado los entornos naturales, algo es claro: cuando un animal “común” empieza a desaparecer, el ecosistema ya está enviando una señal de alerta.
¿Por qué las ardillas están en peligro de extinción?

La destrucción del hábitat es la causa número uno del declive de las ardillas. La tala de bosques, la expansión urbana, la minería y la agricultura intensiva reducen los espacios donde estas especies viven, se alimentan y se reproducen.
Cuando un bosque se fragmenta, no solo se pierden árboles. También se rompe el equilibrio:
- Las ardillas tienen menos alimento disponible.
- Se dificulta el encuentro entre individuos para reproducirse.
- Las poblaciones quedan aisladas, lo que debilita su genética.
He visto zonas donde antes había continuidad de árboles y hoy solo quedan “islas verdes”. En esos lugares, las ardillas no desaparecen de inmediato, pero su población se vuelve cada vez más pequeña y vulnerable.
Fragmentación y aislamiento genético
Incluso cuando aún existen árboles, la fragmentación del territorio es letal a largo plazo. Carreteras, urbanizaciones y campos de cultivo dividen el hábitat en pequeñas porciones.
Esto provoca:
- Menor diversidad genética, aumentando el riesgo de enfermedades.
- Mayor probabilidad de reproducción entre individuos emparentados.
- Menor capacidad de adaptación a cambios ambientales.
En especies de ardillas con distribución limitada, este factor por sí solo puede llevarlas a la extinción silenciosa en pocas décadas.
Cambio climático y alteración del ecosistema
El cambio climático no afecta a todas las especies por igual, pero las ardillas son especialmente sensibles a la alteración de los ciclos naturales.
Los principales impactos incluyen:
- Cambios en la producción de semillas y frutos.
- Sequías que reducen las reservas de alimento.
- Incendios forestales más frecuentes e intensos.
- Desajustes entre las épocas de reproducción y la disponibilidad de comida.
Algo que suele pasarse por alto es que muchas ardillas dependen de la previsibilidad del clima. Si el invierno llega antes o las lluvias se retrasan, sus estrategias de supervivencia dejan de funcionar.
Competencia con especies invasoras
En varios países, algunas ardillas nativas están siendo desplazadas por especies introducidas por el ser humano. Estas especies invasoras suelen ser más grandes, más agresivas o más eficientes al conseguir alimento.
El problema no es solo la competencia directa, sino también:
- La transmisión de enfermedades.
- El acaparamiento de recursos.
- La ocupación de territorios clave para la reproducción.
Este tipo de competencia no da margen de adaptación a las especies locales. Simplemente pierden espacio hasta desaparecer.
Actividad humana directa
Además de la pérdida de hábitat, existen amenazas cotidianas que afectan directamente a las ardillas:
- Atropellos en carreteras.
- Uso de pesticidas y químicos que contaminan su alimento.
- Captura ilegal en algunas regiones.
- Eliminación de árboles viejos que sirven como refugio y nido.
En entornos urbanos, muchas mueren sin que nadie lo note. Desde fuera parece que “hay muchas”, pero la realidad es que la tasa de mortalidad supera en muchos casos la capacidad de reproducción.
Reducción de la diversidad genética
Las poblaciones pequeñas y aisladas desarrollan un problema grave: falta de variabilidad genética. Esto las vuelve menos resistentes a:
- Enfermedades.
- Cambios bruscos del clima.
- Nuevos depredadores o competidores.
Cuando una población entra en este ciclo, su recuperación se vuelve extremadamente difícil, incluso si se protege el hábitat más adelante.
Por qué la desaparición de las ardillas es un problema mayor
Las ardillas no son solo animales simpáticos. Cumplen funciones ecológicas fundamentales:
- Dispersan semillas y favorecen la regeneración de los bosques.
- Mantienen el equilibrio entre plantas y depredadores.
- Son indicadores de la salud del ecosistema.
Cuando una especie de ardilla desaparece, el impacto se extiende a todo el entorno natural. Menos árboles nuevos, menor biodiversidad y ecosistemas más frágiles.
Qué se puede hacer para evitar su extinción
La conservación de las ardillas pasa por acciones concretas:
- Protección de bosques y corredores biológicos.
- Planificación urbana responsable.
- Reducción del uso de pesticidas.
- Educación ambiental y respeto por la fauna silvestre.
- Programas de conservación específicos para especies en riesgo.
Algo que siempre recalco es que proteger a las ardillas no es solo salvar un animal, es preservar el equilibrio natural del que dependemos todos.
Reflexión final
Las ardillas están en peligro de extinción no por una sola causa, sino por una acumulación de decisiones humanas. Su declive suele ser gradual, silencioso y poco visible, lo que lo hace aún más peligroso. Si no se actúa a tiempo, muchas especies desaparecerán antes de que la mayoría se dé cuenta de que estaban en riesgo.